Tengo una amiga a la que apenas veo. Eso me pasa con muchas de mis amigas, andamos todas muy ocupadas con nuestros quehaceres de madres y profesionales, con nuestras compras y nuestras conexiones a internet. Siempre quedamos por teléfono en vernos pronto y, cuando nos vemos, hablamos y nos reímos hasta el primer bostezo, porque estamos cansadas de toda la vida alrededor. Pero nos reímos mucho y nos queremos hasta hacernos sangre.
Me envían cosas y me sobrevuelan como águilas vigilantes para que no tropiece y me caiga. Me empujan. Como la mayoría son letradas y cultas (también muy brutas en cuestiones de sexo y política) me envían poemas y otros artefactos.
Mi amiga a la que apenas veo me ha enviado este texto de Benedetti. Y me gusta mucho. Y agradezco las palabras ajenas. Contra el cerco acechante de los números, las palabras. Gracias a cada día por sus palabras.

No hay comentarios:
Publicar un comentario