viernes, 9 de mayo de 2008

POR FIN LLUEVE



Está lloviendo a mares. Lleva así dos días. Apenas se ve la sierra y estamos en alerta naranja, lo cual resulta poco amenazador en esta zona porque en cuanto se pone la nube (blanca siempre) sobre nuestras cabezas se dispara el DEFCON 2 y las autoridades se asustan. No sería extraño que se inundara el bajo y el cuarto de calderas.

Esta tarde hemos ido M. y yo a la biblioteca para sacar en préstamo algunos libros, el fin de semana se presenta casero y tranquilo: lectura, películas y paella el domingo. En la biblioteca había 6 personas en los ordenadores y una leyendo. M. se está entrenando en la búsqueda de libros en los estantes, al final se cansa y le tengo que ir diciendo los títulos de cada estante como una letanía. El orden alfabético cansa, parece que rige nuestras vidas para todo. Recuerdo uno de los golpes de N. una vez que me acompañó al cementerio y miraba atentamente las filas de nichos: mamá, ¿a los muertos los entierran por orden alfabético?. Me dio un ataque de risa. Cuando voy a una biblioteca me acuerdo siempre, los libros tan recolocados según el apellido del autor, el género, la procedencia... Cada uno en su nicho de papel y madera. esta tarde sí que estaban muertos, tan sólo M. y yo hemos estado hurgando entre las carroñas.

El cielo está adquiriendo un amenazador color blanquecino.

M. ha sacado una versión (la 12ª creo) de Blancanieves y yo me he traído una novela de J. Banville y otra de Don DeLillo. He estado buscando En busca del tiempo perdido de Proust pero no estaba o estaba en el nicho equivocado. Empecé a releerla en un ejemplar que tengo en casa, un regalo de Águeda de las navidades de 1985 y cuando iba por la página 87 resulta que estaban en blanco la mitad de la páginas, no me acordaba. Un libro definitivamente muerto. Me dio tal rabia que lo tiré al cubo de la basura, lo saqué después por la dedicatoria. Mira que jode eso. No nos decidimos a hacer limpieza de libros, papeles o discos, limpieza a fondo, me refiero. Todo son tímidos intentos de hacer hueco en las estanterías.

Mi madre ha llegado de París exultante y en forma. Con lo andarina que es, se ha recorrido la ciudad a pata (el metro agobia y no se ve nada) llevando a Alicia a rastras. Pero lo que le ha gustado de verdad han sido las tiendas y los supermercados Monoprix: qué supermercados, tienen de todo, algunos hasta ropa, y podías pagar con tarjeta (el pago con tarjeta en París es, por lo visto, diferente al resto del mundo) Mi madre tiene 72 años y es la primera vez que ha viajado sola, en avión a otro país. Para ella ha sido un viaje iniciático y un logro el haber salido a comprar el pan y la comida diaria ella sola, sin hablar ni palabra de francés. Para mí hubiese sido lo mismo.

Mi padre debe estar sorprendido y contento en su rincón alfabético del cielo (peligrosamente blanco ahora)