
Como cantaba Serrat. Esta mañana me he despertado gracias a un ruido como de búnker en trasiego y maquinaria pesada que venía de la calle, a las 8´30. Al asomarme al balcón me he encontrado la imagen: tres bomberos asomados al balcón de mi sexto piso oteando el horizonte urbano, por un lado, y, por otro, mi salón y mi cara de desconcierto. Enseguida me han tranquilizado: señora, no se precocupe, estamos probando el finger. Muy sonrientes, les he ofrecido un café pero han declinado la invitación: señora, estamos de servicio, no se preocupe, está todo controlado. Pero me preocupo, han movido el finger de delante hacia atrás cubriendo todas las terrazas del centro de la ciudad, en abanico, en paralelo y en perpendicular. Claro, a los cinco minutos la plaza y la terraza del café estaban llenas de gente. Los niños, amas de casa con carrito de la compra, jubilados y profesores, toda gente desocupada pendiente del finger y su manejo y de los tres bomberos encaramados allá arriba con su casco y gafas de sol, velando por nuestra seguridad. También dos coches de la policía municipal. No he podido evitar sentarme en la terraza con el café y sacarles unas cuantas fotos. He sacado a M. de la cama para que viera el espectáculo (intento valorar la toma de conciencia cívica en la educación de mis hijos, con N. ni lo he intentado, sus despertares son de mi primera página en tirada nacional) y cuando ha conseguido abrir los ojos del todo ha dicho que no olía a humo y que se volvía a acostar.
Ha sido un buen comienzo. Nada que envidiar a los pompiers de París.
Por la tarde hemos salido de excursión a aquella casa y campos en los que pasé los veranos de mi infancia con mi familia. Ha sido emocionante.
Hoy ha sido un gran día. Por fin.
Es que hemos pasado una semana regular de recordatorios de aniversarios y de funerales. Andrés y Concha. Ahí arriba ya tenemos a unos cuantos, demasiado pronto. Pero los bomberos no creo que lleguen con el finger a rescatarlos.
Ah! Y todo el mundo se va a París (2). Allí están C. y E. con su pequeño.
Nosotros nos vamos dentro de unos pocos días a Las Peralosas. A ver si cojo color por todo el cuerpo, que parezco un plátano pocho.


Lo que ven mis ojos desde un sexto piso: