Pues ya nos va tocando renovar la república independiente de nuestra casa, así que nos vamos mañana (sábado sabadete) al IKEA más cercano (Murcia). En mi casa ocurre lo que cuentan en Gomaespuma con mucha gracia, aquello de "El catálogo de Ikea, que ella no lo vea", llega un momento en el que hay que contener los montones de ropa, discos y libros con algún artilugio Grönlund o Karstorp, valientes vikingos que combaten el desorden.
Lo reconozco: padezco de una manía o compulsión por el orden total y absoluto. Se me pasó un poco cuando nació N. y después con M. sufrí recaídas de ansiedad en las que entraba en bucle, mis días eran como el día de la marmota: empezaba a recoger por la mañana por una punta de la casa y terminaba a mediodía para empezar por la tarde de nuevo... Baños, cocina, dormitorios, baños, cocina, dormitorios, pañales, biberones, baños, cocina... Ya me di cuenta hace tiempo de que la ropa amontonada por los rincones es un signo más de identidad de familias como la nuestra, no hay espacio y los hijos abultan cada vez más; además y según la filosofía de mi madre de "más vale una despensa hermosa que invertir en Bolsa" gestionamos mal el poco espacio de que disponemos.
Mi manía ordenatoria me ha acompañado siempre, era una manera de sobrevivir en una habitación compartida con tres hermanas, en la que entraban mis dos hermanos varones a no sé qué porque la ropa ya me la descolgaban ellas del armario para probársela o dejarla a sus amigas. Hasta el tabaco me escondían, y eso que ya estaba escondido por mí para que no me lo pillara mi padre.
Años después compartí habitación con tres compañeras en una residencia universitaria de monjas, en la cual disponíamos de un hornillo y un radiocasete para las cuatro. Problema: o te hacías el té con el agua de la ducha o te tragabas los 40 principales a las 7 de la mañana porque la Amparito era novia de un cantante de la movida.
Y after un piso de estudiantes con amigos y hermanos (llegamos a estar 6 en plantilla y otros 4 ó 5 allegados que acudían a estudiar y de paso merendaban)
Y after and after conocí a J. con quien he compartido el resto de mi vida y 6 mudanzas.
Comprenderán ustedes. Somos expertos en ordenar, colocar en cajas (rotulador en mano) todos y cada uno de los contenidos de nuestras casas. Hasta los operarios de las mudanzas nos pedían consejo: los libros en cajas de 20 y los discos en cajas de 10, las copas con las toallas y la vajilla de la Cartuja envuelta en los albornoces.
No estamos locos. A todo el mudo le gusta ir al IKEA aunque no lo demuestre con efusividad y vaya de "no soy consumista que se deja manipular y dirigir por una flecha blanca pintada en el suelo". A nosotros nos encanta ir sin la prole, a mirar. Aunque siempre acabamos comprando algo, alguna tontería como esas lámparas que parecen caramelos o cacharros de cocina un poco inútiles para picar cebollar o cortar el pepino con forma de pepino.
A mi la filosofía esta nórdica me da lo mismo, ya me leo a Henning Mankell y tal y no quiero que me expliquen chorradas: jamás podré tener una cocina con isla ni integrar un vestidor en el dormitorio.Que donde caben 2 caben 3 lo tengo yo más claro que el agua y para albóndigas las de mi robot de cocina.
Son las cosas de las casas puzzle decoradas a lo largo de los años: un sofá de rejilla thonet heredado de mi abuela al lado de una librería billy, las copas que compramos en Sintra como floreros en la estantería aneboda y así...
IKEA es como las películas musicales ¿quién coño puede creerse eso? Pero que bonitas...
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