La tele en blanco y negro, por supuesto; y no había peleas entre hermanos, se veía hasta que salían los rombos y punto. Daba igual sábado que martes. Se madrugaba lo mismo con 6 hermanos rulando por la casa como pollos sin cabeza.
De todo esto también me acuerdo.
Qué vozarrón, Dios mío, Nino. Y que medallón de lustre gitano.
Qué raticos en los bailes del pueblo, eso sí, hasta las diez.
Con qué poquica cosa crecimos, eso sí, mucho arroz caldoso y cucharada de Bovril.
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