lunes, 21 de noviembre de 2011

MENUDA PAPELETA

Lo que tiene vivir en el centro (también) es que a veces te toca formar parte de una mesa electoral porque en tu distrito la media de edad es de 200 años y la gente tan mayor se escaquea con facilidad de sus obligaciones ciudadanas. Yo lo veo bien, lo que ocurre es que no veo a mi familia durante la semana y me ha tocado este pasado domingo (día de paella, siesta en el sofá y peli en blanco y negro) formar parte de una de las mesas electorales de este mi tan querido barrio.
Menos mal que figuraba en el censo con un nivel de estudios que correspondía al año en que dejé el hogar paterno para irme a estudiar, que si no me toca presidir la mesa, y eso ya hubiese sido el colmo: aún no comprendo cómo fuimos capaces de meter toda la documentación en los sobres correspondientes, numerados del uno al tres, y que los votos emitidos coincidieran a la primera en todas las actas. Eso es responsabilidad de la presidenta, en este caso una chica joven madre y licenciada, muy espabilada, que le dio de mamar a su hija por dos veces en el cuarto donde estaba la pareja de policías, en el cual había un ordenador conectado a internet, pareja que se salía a echar un cigarro cuando tocaba dar el pecho y se dejaba a medio la peli de Chuck Norris. Todo muy simpático: interventoras del PP simpatiquísimas e interventores del PSOE superenrollados que querían colaborar con cafés y pastelitos para aliviar el cansancio de tantas horas metidos en 20 m. cuadrados.
Así te enteras de muchas cosas del pueblo y del barrio: a quién le tocó el euromillón y quién ha puesto cuernos a quién, por qué la celebridad local no ha votado por correo y quién viste a Cospedal (ojo, colores planos y cada vez más claros, no salir del blanco roto y pantalón de cinturón ancho ????)
Las señoras del PP se quedaron sin habla (solo 20 segundos en 14 horas) cuando vieron entrar a N. que venía a despedirse de su madre antes de volver a Albacete. Y eso que la pinta de mi hijo era tirando a decorosa (sabía que habría polis rondando la puerta) y no se retocó la cresta y añadió un tono de verde a su sudadera, eternamente negra.
En honor a ellas pongo este episodio histórico que recordaban ayer entre otros muchos sucedidos de cuando eran solteras y vivían "sin democracia". A mi eso me llegó al alma,  nos despedimos entre besos y abrazos y un "hasta la próxima" como amigas  y cada una nos fuimos a nuestros quehaceres: dar el pecho, retocarse los bucles para ir como pinceles a Génova -2 o sentarse ante tele con una copita de ojén y contemplar a Rajoy en el balcón de Genova-1, mientras J. hilaba su sarta de predicciones nostradamus para los próximos ocho años. La única salida es hacernos emprendedores y montar una pyme.


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