domingo, 1 de mayo de 2011

WAITING FOR PABLO

Hace unos días (o semanas, ya no sé) me dijo una amiga que por qué no me hacía un flis. Me dio la risa porque pensé en mi abuela, la recordé en el patio de su casa durante las calurosas tardes de verano bordando o cosiendo y cuando entraba de nuevo siempre pedía el "fli de las moscas", o sea, un aspersor de veneno manual con el que fumigaba los dormitorios para poder dormir sin mosquitos. Si hemos sobrevivido al DDT podemos superar cualquier ataque nuclear después de Chernóbil (sorry, frivolité) También me recordó al plis de las peluquerías de entonces, ahora se llaman acondicionadores, mascarillas (sí que cuestan lo suyo) que te ponían un líquido derivado del DDT y se te quedaba el pelo tal que Lady Gaga pero en enfoscado.
Pues no. Flickr. Un sistema para tener las fotos todo por ahí, flotando por la estratosfera. Qué tiempos aquellos, cuando hacíamos fotos a nuestros hijos recién nacidos y las pegábamos en álbumes de esos de hojas con pegamento imedio: imposible volver atrás en el tiempo, tu hijo aparecía al lado de la despedida de soltero de tu amigo el de Badajoz, tomando su primer biberón. Ambos unidos en la memoria familiar para siempre.
Flickr es una herramienta que estoy utilizando mal (seguro) porque acabaré colgando las tontunas propias de mi sexo y edad, las evoluciones propias del mundo que me rodea y de la gente a la que quiero. Por lo que he visto, la gente cuelga fotos superartísticas y que denotan una sensibilidad para la cual yo no tengo tiempo.
Solo tengo tiempo para mostrar lo que veo, no para explicarlo. Mostrar y expresar las emociones o los sentimientos siempre, no su explicación: quien piense lo contrario no es poeta, no es pintor, no es fotógrafo, no es actor... No es.
Bueno, no sé. A veces me salen fotos bonitas.

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