viernes, 7 de enero de 2011

POR FIN...

... Creíamos que llegar al hogar nos iba a traer la paz y la tranquilidad perdidas en estos días de comilonas remojadas de cervezas y espumosos varios. De eso nada, los Reyes nos han hecho pasar un día aciago (que diría mi compañero de clásicas) Ya lo contaré en otro momento, ahora estoy triste y cansada, creo que hemos empezado el año con mal pie. Para colmo A. me ha llamado esta tarde desde París: al vecino de al lado se le ha quemado el apartamento y ha desalojado a todo el inmueble, ahumados y asustados pero nada más.
Un día triste con un comienzo alegre.
Esta mañana M. y N. han descubierto sus regalos. Una máquina de coser y una bicicleta, respectivamente. Lo mejor ocurrió anoche, cuando recién desembarcó la bici desde el decathlón: primero a casa de mi madre, luego despistar a la familia en plena cabalgata para recogerla y traerla hasta el noveno a cargo del buen portero, a las dos de la mañana bajarla a casa (justo cuando las niñas del octavo bajaban del ascensor, que J. tuvo que recular escaleras arriba para no ser visto en su papel de rey y esperar allí hasta que se apagaron los gritos de entusiasmo) dejarla en la terraza (J. hecho polvo y maldiciendo  a "la puta cal") esperar a N. que salió de fiesta y llegó tarde y se acostó, no sin antes rebuscar por la casa; sacar el resto de regalos a las 8 de la mañana... Y a las 9 M. se ha puesto a coser retales. Con el ruido de la máquina todos nos hemos despertado maldiciendo a  la susodicha "puta cal", N. ha decidido que las Converse que le hemos regalado no son las de su vida, o sea, que no se llevan, porque mamá este color (negro) ya no está en la calle, o sea In, y por lo tanto va a cambiarlas por otra cosa In.
Eso sí, la bici mola un montón porque tiene de todo y además es negra del todo.
La puta cal.

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