Todas y cada una de ellas fueron estupendas, perfectas, bien organizadas por los equipos directivos correspondientes, un constante dejà vu vital, que a J. y a mi nos pareció tener 20 años menos. Todo divino hasta que llegamos a la reunión con el tutor de N. PCPI. A nadie le suenan estas siglas.
PCPI significa PROGRAMAS DE CUALIFICACIÓN PROFESIONAL INICIAL, vulgarmente llamados "módulos", o parecido a la Formación profesional de antes. En fin , aquellos doctos cuarentones que sigan leyendo a Tom Sharpe, recordarán a Wilt. Era éste un profesor de literatura inglesa que daba clase en un instituto profesional del Reino Unido y se veía en trances como explicar los Sonetos de Shakespeare a Carne I o Motor III. Pues algo así.
El tutor iba un poco a trankimazines (me pareció: pupilas dilatadas, suéter de cuello vuelto, silencios frecuentes y miradas perdidas a la pared del fondo), las madres y el padre presentes muy colaboradores y agradables y el aula con más ordenadores que pizarras (al parecer estos alumnos no saben leer ni escribir, ni se espera de ellos otra cosa que aprendan a desmontar ordenadores)
Preocupación general por el destino de estos muchachos/as y disposición absoluta a colaborar en lo que haga falta. Me dio un ataque de ternura general porque estas familias están pasando las de Caín con sus hijos/as (como nosotros) pero no saben cómo funciona este sistema educativo. Su preocupación es que encuentren trabajo (como nosotros) y confían a ojos cerrados en sus profes y maestros. Nosotros no confiamos ya ni en nosotros.
Quizá uno de los mejores libros sobre educación sea éste: Mal de escuela, de Daniel Pennac. No habla de pedagogías al uso ni de métodos educativos. Simplemente está escrito desde la experiencia de un mal estudiante que luego se hizo profesor. Un náufrago que logró salvarse y se volvió a zambullir para sacar a otros a la superficie y obligarles a respirar, y así siempre. Un libro bellísimo. Debería ser lectura obligada en los institutos (para los profes) sin embargo también escribe Pennac que "el verbo leer no soporta el imperativo".
"Los profesores que me salvaron -y que hicieron de mí un profesor- no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron. No lograron atraparme. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más... Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente nos repescaron. Les debemos la vida." Daniel Pennac.


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