domingo, 13 de junio de 2010

LA REFORMA DEL ÚTERO

Hemos llegado a este punto: final de curso y lecturas sobre Bouvard y Pécuchet que nada tienen que envidiar  los lectores de Flaubert. Mi compañera Belén me comentaba esto corrigiendo exámenes de Literatura Universal, qué habría sido de nosotros y de la Edad Moderna sin la Reforma del Útero, sin la invención italiana del soneto (dos cuartetos y dos tresillos) y sin la más magna obra de la Edad Media, a saber, "Diamantes de sangre". A lo que se vio contestada por un coro de profes de otras epistemologías que bramaban contra la reforma de la educación, ésta sin nada que ver con úteros, faltaría más, qué asco.
Hay algo que no cambiará nunca en este trabajo. Cuando estás en el meollo de una explicación, ante una pizarra llena de palabras, hablando entusiasmada sobre los cantares de gesta  o las funciones del sustantivo/SN en las oraciones atributivas... y un alumno de 1º levanta la mano, espera su turno de palabra y te dice al cabo "Profe, mañana vienen mis primos de Marsella". Si llevas poco tiempo en esto montas en cólera, si llevas uns años te limitas a responder "¿Los que venden teles de plasma o los que van de camino a Marruecos para las vacaciones?"
Y eso no significa que no les importen ni la épica ni la morfología nominal. Pero prefieren mirar los trenes que puntualmente pasan al lado del instituto.

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