sábado, 7 de febrero de 2009

ÉRAMOS POCOS...








Por fin Emma y Pintas tuvieron familia y esta tarde han salido del nido (más bien han sido emancipados a la fuerza, J. los ha echado de buenos modos para que aprendan a buscarse la vida) Les hemos lavado las patas y han correteado por la mesa de la cocina.

M. les ha cambiado el nombre varias veces durante estos meses, ha imaginado su vida futura e incluso ha invitado a una amiga a venir a casa para jugar con ellos. Cuando se han dado cuenta de que los pobres no sabían otra cosa que arañar el mantel y gruñir y que no les gustaban las galletas demasiado, se han ido a su cuarto a jugar. N. no les hace ni caso: mañana cumple 15 años y no está para experiencias National Geographic.


Son azulones, uno con la cabeza blanca y otro con pintas blancas y negras.


En estos casos es cuando una es consciente de que sus hijos crecen demasiado deprisa. Si hubiera ocurrido este pequeño milagro hace un año, estarían los dos pegados a la jaula o pensando en llevarlos al campo para que hiciesen amigos. Sin embargo, N. ha llegado hace un rato con la intención de recaudar dinero de sus padres para invitar a TODA la pandilla a cenar al chino. Probablemente con lo que se ha llevado tenga para una fuente de ancas de rana con mucho arroz tres delicias, y que compartan el rancho con glutamato.

En fin. Menos mal que nos queda Portugal y otra familia a la que educar


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