miércoles, 11 de junio de 2008

LA FAMILIA Y UNO MÁS

Mañana vamos Cris y yo a recoger a Alicia y a Bertrand al aeropuerto de El Altet, vienen de París a pasar unos días "en familia". En estos casos recuerdo siempre la famosa expresión de Nieves cuando nos veíamos después de navidades: "¿Las navidades bien o en familia?". Ella también se ha criado en una mata frondosa de hermanos, hermanas, cuñados, cuñadas, sobrinos-as, y demás ramaje borde.
Pobre Bert. Supongo que habrá recibido clases teóricas de Alicia, ella muy didáctica diciéndole en francés amoroso cómo es la cocina de la mama, lo inteligentes que son todos sus sobrinos y cómo sus dos hermanos y sus dos hermanas discuten educadamente sobre política y creencias religiosas con sus respectivos-as, en un cruce de opiniones argumentadas y razonamientos basados en Nietzsche y Bertold Bretch. Supongo que habrá recibido estímulos positivos para que reaccione educadamente cuando conozca a la masa en todo su esplendor y efusiones. Nos conoce por partes a algunos pero no a la masa.
Eso es lo que temo: la masa. La verdad es esta, la verdad está ahí fuera, en la cocina de la casa de mi madre. Cuando corre el vino y la cerveza y discutimos sobre los navegadores de internet, o si un teléfono sin cobertura reconoce al sputnik, otra de nuestras discusiones favoritas (aparte del software libre o de cómo montar los muebles de Ikea en el menor tiempo posible) es si G. se debe operar de la hernia o de si los niños deben comer antes que nosotros (discusión absurda desde hace 11 años puesto que 18 personas no caben en una mesa de 8 comensales). Ahí la mama dice: ¿queréís hacer el favooooor de poner la mesa en la cocina para vuestros hijos? y devoran en 5 minutos kilos de tortilla para sentarse después con nosotros y dar la paliza. A la tercera botella de vino sale el tema de los viajes, o de los exámenes, o del precio de los pisos.
Pero nos gusta encontrarnos de vez en cuando para comer y beber y charlar. Después nos echamos la siesta donde podemos, el sofá es sagrado: cabemos hasta 5 con niños encima, hasta mi madre recula a su habitación y se esconde para apreciar mejor sus pensamientos y un silencio fresco que da al patio, cuando se levanta empieza a cocinar para la cena y vuelta a empezar.
En fin. Así es la masa que lleva mis apellidos.
Bienvenidos a España, camisa blanca de mi esperanza. Hace tiempo que no sacamos la guitarra.

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