
Es difícil verificar a partir de la experiencia personal si los hijos son lo más importante en la vida de las personas. Te aíslan del mundo exterior durante meses e incluso años, requieren tu atención constante y desconoces dónde está el umbral a partir del cual se convierten en seres independientes, el paso definitivo que les deposita en un mundo ancho y ajeno en el que tienen que utilizar las estrategias de supervivencia que les has enseñado durante años. Alimentarles, educarles, comunicar con ellos. Ahí es nada. Bueno, lo seguimos intentando.
M. está aburrida y se ha asomado tres veces a la pantalla a ver si salen fotos de sus primos. N. no sé dónde está. A sus 14 años su vida fuera de esta casa es un misterio para nosotros. Escribe y canta rap, contra el mundo y en ese su mundo supongo que nos incluye un poco a sus padres y hermana.
Yo también escribo, ya se me pasó lo de arremeter contra nadie. Escribo sobre ellos también. Sobre mi vida con ellos antes de que traspasen ese umbral que les alejará de mí, espero haberles ido pertrechando concienzudamente con las armas necesarias.
Cuando hablo con S. o JF. o leo su blog me doy cuenta de mi suerte: mis hijos viven, están conmigo dando por saco, a veces suspenden en el instituto o no quieren cenar. Mis hijos viven en este mundo cercano, rodeados de familia y amigos.
Son ellos los que cortan flores para mí y me recuerdan los días que debemos ir al dentista.
Ellos los que escuchan mi llave en la cerradura cuando llego de trabajar o me gastan bromas cuando repito ocho veces la misma frase. Sugieren extraños condimentos para la ensalada y me recuerdan que como poca fruta.
En algunos poemas he escrito sobre ellos. No podría dejar de hacerlo, están siempre aquí, conmigo.
M. está aburrida y se ha asomado tres veces a la pantalla a ver si salen fotos de sus primos. N. no sé dónde está. A sus 14 años su vida fuera de esta casa es un misterio para nosotros. Escribe y canta rap, contra el mundo y en ese su mundo supongo que nos incluye un poco a sus padres y hermana.
Yo también escribo, ya se me pasó lo de arremeter contra nadie. Escribo sobre ellos también. Sobre mi vida con ellos antes de que traspasen ese umbral que les alejará de mí, espero haberles ido pertrechando concienzudamente con las armas necesarias.
Cuando hablo con S. o JF. o leo su blog me doy cuenta de mi suerte: mis hijos viven, están conmigo dando por saco, a veces suspenden en el instituto o no quieren cenar. Mis hijos viven en este mundo cercano, rodeados de familia y amigos.
Son ellos los que cortan flores para mí y me recuerdan los días que debemos ir al dentista.
Ellos los que escuchan mi llave en la cerradura cuando llego de trabajar o me gastan bromas cuando repito ocho veces la misma frase. Sugieren extraños condimentos para la ensalada y me recuerdan que como poca fruta.
En algunos poemas he escrito sobre ellos. No podría dejar de hacerlo, están siempre aquí, conmigo.
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